lunes, 5 de mayo de 2008

Cualquier historia

Esta historia ocurrió en un bar, como casi todas las historias, en un bar que tal vez tu hayas visitado; el esperaba apoyado en la barra una cita que nunca llegaría, ya que sino, no tendríamos historia, ella sentada en una mesa al fondo, tomando un té a sorbos y leyendo una novela de Eduardo Galiana “Amares”, por ejemplo; el se acercó y la dijo: - ¿Me permite?; a lo que ella levantando la vista del libro, cortésmente le contesto: - Por supuesto. Se sentaron y empezaron a hablar de lo humano y lo divino, él empezaba a hacerle preguntas, ella contestaba y cuando no sabía la respuesta, cambiaba la pregunta, se armó de valor y la invitó a tomar café, la cita tendría lugar en el mismo bar, a la misma hora, en el sitio donde se habían encontrado

Día tras día quedaban en aquel café, haciéndose cada conversación mas larga y amena, hasta que un día el se dio cuenta de que estaba perdidamente enamorado de ella.
El día que se decidió a declararse, ella le comento que se tendría que marchar en breve por motivos de trabajo lejos, y que no sabría cuando iba a regresar; pero prometió escribir puntualmente cada primero de mes y que le contaría lo que hacía y no había hecho, lo que harían cuando estuvieran juntos y la idea de que muy pronto volverían a estar juntos.

Ella marcho y el quedó apesadumbrado, esperando que ella, fiel a su palabra escribiera esa carta.
Llego el primer día del mes siguiente, y puntualmente llegó la ansiada carta, en la que ella le contaba lo que hacía y no había hecho, lo que harían cuando estuvieran juntos y la idea de que muy pronto volverían a estar juntos, y pasó otro mes y llegó la segunda carta, mes tras mes nuestro amigo iba recopilando las cartas que ella mandaba y las releía todas las noches, las releía también por la mañana, cuando se levantaba; camino del trabajo las leía y alguna vez también en el trabajo…

Cada vez eran más cartas y ya no le cabían en la mesilla de noche, así que compro una gran caja fuerte donde poder guardar todas aquellas cartas, ya que se habían convertido en su único tesoro.

Hasta que un día, sin previo aviso, ella dejó de escribir, al principio nuestro amigo pensó que había sido un fallo de los de correos, que se había extraviado, pero al tercer mes sin recibir nada, se dio por vencido, aunque no perdió la esperanza y releía las cartas esperando que algún día, ella volviera a escribir contándole lo que hacía y no había hecho, lo que harían cuando estuvieran juntos y la idea de que muy pronto volverían a estar juntos.
Un día mientras el estaba en el trabajo entraron unos ladrones en su casa y al ver esa gran caja fuerte y pensando que debería contener una gran fortuna, se la llevaron a su guarida.
Cuando llegaron y al darse cuenta de lo que contenía maldijeron a su dueño, y decidieron quemarlas, pero a uno de ellos se le ocurrió una idea.

A nuestro amigo se le cayó el mundo encima cuando llego a casa después del trabajo y se dio cuenta que le habían robado y se habían llevado la caja fuerte que contenía lo único que le invitaba a vivir, su gran tesoro. Busco por todos lados sin encontrar ni una sola de las cartas que ella le había escrito, bajo a la calle y comenzó a buscar, sin hallar nada ni nadie que le dijera nada.

Hasta que un día un primero de mes al llegar del trabajo le pareció ver algo en el buzón, lo abrió y resulto ser la primera carta que ella le envió, pues los ladrones habían decidido mandarle cada primero de mes y en el mismo orden que ella lo hizo todas las cartas.
Él las leía con el nerviosismo de la primera vez, volviendo a vivir, esperando que algún día llegara la carta en la que ella le decía que iba a volver… y que podrían estar al fin juntos.

Hass

“Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente”
G.M.

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